Ayer me vino un flashback de cuando iba al colegio, cuando formaba parte de "los malos del fútbol", esos a los que eligen los últimos a la hora de jugar: el gordito, el de gafas y la chica que siempre quiere jugar.
El colegio organizaba una liga de fútbol sala entre todas las clases y nos juntábamos los sábados por la mañana para jugar unos partidos.
Como yo formaba parte de "los malos" siempre me tocaba estar en el banquillo y como mucho jugaba 5 minutos en todo el partido, de defensa y siempre que la pelota estuviera en la otra mitad del campo, esto era bastante frustrante, madrugar un sábado para ir a quedarte sentado y aburrido, pues nunca me ha gustado mirar el fútbol.
Para solucionar esto un año se me ocurrió una brillante idea: haríamos un equipo pero solo con "los malos" y así lo hicimos, nos juntamos los malos malísimos y a la hora de ponernos nombre, me acordé de mi vecino que siempre me estaba cantando la del burro y el baile del último de la fila, así que sin pensármelo dos veces dije: ¡Los últimos de la liga!
Y así quedo formado el fatídico equipo, no íbamos a casi ningún partido, hubo uno en el que sólo habíamos tres jugadores y ninguno nos queríamos poner de portero en el que nos marcaron como cuarenta goles, encima nos poníamos a entrenar después de los partidos porque pasábamos de quedar entre semana, todo esto con 12 añitos, toda una declaración de principios...
Por cierto, no llegamos a marcar ningún gol en toda la temporada!
Escuchando: Albert Pla - La colilla